«Los Jerónimos»


El antiguo monasterio de San Jerónimo el Real fue fundado por Enrique IV en 1464. De esta época debieron ser el convento –hoy desaparecido- y la iglesia que actualmente conocemos.

No tardó este convento en convertirse en uno de los lugares más emblemáticos de la villa, hasta tal punto que su iglesia fue elegida para la jura de los príncipes de Asturias como herederos de la corona, siendo el primero en jurar Felipe II el 18 de abril de 1528, y la última Isabel II el 20 de junio de 1833.

Además, los reyes disponían en el convento de un cuarto o aposento, que mandado construir por Felipe II en la parte oriental de la iglesia, servía a los monarcas de lugar de retiro, meditación, y duelo en los días de luto familiar.

En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los frailes fueron expulsados y parte de las tropas francesas se acuartelaron en el convento, ocasionando grandes desperfectos en el edificio.

Finalizada la guerra los frailes iban a regresar por poco tiempo, ya que los decretos de exclaustración de 1836 provocaron el cierre temporal del templo y la transformación del convento en Parque de Artillería.

Ruinoso y abandonado, la iglesia fue objeto de dos obras de restauración durante la segunda mitad del siglo XIX. En la primera, realizada por el arquitecto Narciso Pascual y Colomer entre 1848 y 1859, se añadieron algunos elementos nuevos como las torres.

En la Segunda, realizada a partir de 1879 por Enrique María Repullés y Vargas, se acometió una restauración definitiva del templo para su apertura como parroquia en septiembre de 1883.

En cuanto a la iglesia, Monumento Nacional desde 1925.

Iglesia de San jerónimo el real (1929), antiguo claustro a la derecha

La propuesta de Rafael Moneo consiste en incorporar el antiguo claustro de la Iglesia de los Jerónimos como espacio de exhibición temporal, a la vez que modifica y mejora los accesos al museo para reorganizar los flujos de público.

Ampliación del Museo del Prado

Moneo, en el llamado “cubo” de los Jerónimos, a diferencia de las remodelaciones llevadas a cabo en el resto de los museos del eje del Prado, se expresa en clave actual pero con los materiales, las formas, la historia y el lenguaje constructivo del edificio principal de Villanueva.

Ampliación de El Prado. Jardín de Boj.

Al contemplar ambas obras nos hallamos enfrentados a un respetuoso e histórico diálogo de arquitectos con temas comunes expresados de modo personal: ladrillo y piedra, columnas en fachada, y un extremado rigor decorativo basado simplemente en las formas estructurales.

Está realizada en estilo gótico y es muy parecida a la de otros monasterios de la orden como el de Santa María del Parral en Segovia.

Se levanta sobre una planta de cruz latina y está compuesta por una nave central, crucero y cinco capillas por cada lado de la nave cerradas por arcos ojivales.

El exterior fue el más afectado por las reformas del siglo XIX, así, la portada, tildada por muchos como ridícula, fue realizada por Ponciano Ponzano en estilo neo-gótico.

En cuanto a la escalinata que da a la calle Alarcón, fue realizada en 1906 con motivo de la boda de Alfonso XIII para dar mayor monumentalidad al acceso del templo.

Hasta hace poco tiempo estuvieron en pie, a la derecha de la iglesia, los elegantes arcos del claustro del convento, hoy desmantelados con motivo de las obras de ampliación del Museo del Prado, estando previsto la construcción en este lugar histórico del polémico edificio proyectado por el arquitecto navarro Rafael Moneo.

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