Distrito de Arganzuela, un caso paradigmático.


Desindustrialización y transformación urbana en Madrid

El proceso de desindustrialización del interior de las ciudades es un fenómeno que se generaliza a partir de la segunda mitad del siglo XX en la mayor parte de las grandes urbes del mundo.

Su característica más importante es el cese de la actividad industrial y su abandono gradual y centrífugo, del centro hacia afuera, de la ciudad.

El vacío que queda es utilizado para reorganizar el espacio urbano, creando principalmente nuevas zonas residenciales y generando un acusado cambio funcional.

Es obvio que este traslado de la industria a la periferia, liberando suelo urbano, favorece las operaciones especulativas en las que colaboran mano a mano las administraciones locales, las promotoras, las constructoras inmobiliarias y, en ocasiones, los propietarios del suelo liberado al operar éstos con autonomía por el tipo de ejecución establecido en los Planes Urbanísticos.

El cambio de uso del suelo, de industrial a residencial, genera grandísimas expectativas.
Especialmente cuando se trata de un suelo que con el tiempo ha quedado situado en pleno centro urbano y se presta a golosas maniobras lucrativas.

La revalorización y los grandes beneficios que de su explotación se derivan, hace que la mayor parte de las veces prime más una planificación condicionada por el factor rendimiento económico que la realizada por planes inteligentes y pensados con vistas a la futura población y a los servicios que ésta pueda demandar, estableciendo redes eficientes.

Transformación de la ciudad:

El vaciado industrial y la renovación del uso de estos espacios urbanos está generando una transformación física de la ciudad que también afecta a las relaciones sociales, al trasladar masivamente nuevas poblaciones a zonas en las que la estructura existente disponía de su sistema relacional particular, creándose una degeneración productiva y social de la zona.

La tendencia más generalizada en el caso de Madrid ha sido la expulsión de la industria del interior de la ciudad hacia la periferia y el extrarradio en áreas diseñadas exclusivamente para desarrollar la actividad fabril o industrial –polígonos industriales-, al tiempo que se dificultaba la permanencia de aquellas industrias que por sus características podían encajar bien en zonas con preeminencia de usos distintos al estríctamente industrial.

El rechazo ha sido tal, que lo normal ha sido no respetar las construcciones industriales más emblemáticas, aún a pesar de ser edificios singulares arquitectónicamente o con un carácter histórico de gran valor. El derribo ha supuesto, salvo honrosas excepciones, la norma y la garantía de liberar suelo, siendo la decisión más rentable económicamente.

Pués ya se sabe que recuperar viejos edificios implica a las administraciones y las obliga a realizar un desembolso importante y a adaptar en ellos centros dotacionales que, normalmente, no están incluidas en sus planes de gestión, aún siendo necesarias. La transformación urbana supone globalmente un cambio estructural, funcional y social de su trama.

Funcionalmente, la sustitución de la función fabril e industrial se ha visto alterada por el cambio a una función residencial y de servicios.

Estructuralmente el cambio se produce al modificarse el tejido de relaciones internas de la ciudad que permiten su funcionamiento de una forma dada.

Y socialmente, la desaparición de ciertos grupos sociales, o su realojo en otras zonas, y la llegada masiva de nueva población con características socioeconómicas muy diferentes dibuja un nuevo rostro a la zona y la moldea de acuerdo a unos planes concretos.

Calle Méndez Álvaro. Junto a éste lugar se encontraba la fábrica de Construcciones Metálicas Jareño, demolida en los 90.

Arganzuela, paradigma madrileño

En Madrid el ejemplo más paradigmático es el del distrito de Arganzuela, en la zona Sur, que poseía gran número de industrias, muchas de ellas de finales del siglo XIX, y la edad media de la mayoría era de más de cincuenta años.

En el Plan General de 1963 ya se proponía el cambio del uso industrial al residencial, lo que con el tiempo se ha traducido en el abandono paulatino de las industrias y su transformación en barrios residenciales con un gran volumen de viviendas y una alta densidad.

El uso intensivo del suelo en forma viviendas ha llevado también a una terciarización de estas áreas, debido a la necesidad de cubrir la demanda de servicios de todo tipo que reclaman los barrios muy densificados.

El distrito de Arganzuela ha experimentado, por tanto, una de las mayores transformaciones entre 1979 y 1999, desde la reordenación de la glorieta de Atocha hasta los nuevos espacios verdes y residenciales ligados al Pasillo Verde Ferroviario –con la cesión de suelo de RENFE- y a la reconversión de los viejos espacios industriales de Méndez Álvaro y Legazpi. Las pocas industrias que sobreviven abandonan ya sin remisión el barrio. En Méndez Álvaro, eje básico para comprender el fenómeno, se están derribando los últimos edificios industriales que se encontraban ya abandonados, como Construciones Metálicas Jareño, Flex S.A., Galvanizados Torres, etcétera. Entre los que aún permanecen se encuentra AGISA.

En el Plan General de 1997, que ampliaba la actuación del anterior Plan, siguiendo su línea filosófica, se generalizaron las actuaciones de cambio de uso, con la construcción de miles de viviendas, la Estación Sur de Autobuses y un gran Centro Comercial en la calle Acanto, en el Cerro de la Plata. Tambíen, a lo largo de los años ochenta y noventa, se transformó el área del antiguo Gasómetro, derribado en los sesenta y cuya parcela continuaba vacía, y el de la empresa CASA, en cuyos solares se modificó el tipo de uso de industrial a residencial y se ha construido un elevado número de viviendas.

SGI (Unión Fenosa)-Talleres. Antigua Sociedad Gasificadora Industrial, creada en 1903, en el “Cerro de la Plata”. Actualmente es usada como Laboratorio de Unión-Fenosa.

Antigua Fábrica de Cervezas El Águila, hoy Biblioteca Joaquín Leguina.

El Pasillo Verde Ferroviario
El Pasillo Verde Ferroviario se sitúa entre el Manzanares y la M-30 sur y este. Comprende la línea de cercanías de RENFE, la estación de Príncipe Pío, el Paseo de la Virgen del Puerto, las rondas de Segovia, Toledo, Valencia y Atocha y la calle Méndez Alvaro. Sus ejes se sitúan en las calles Ferrocarril, Doctor Vallejo Nájera y los paseos Imperial y de la Florida. Se trata, por sus características y extensión, de la mayor operación urbanística realizada durante la segunda mitad del siglo XX en el Ensanche Sur de Madrid. Propone la recuperación del sector sur del Ensanche, incluyendo el Parque Tierno Galván, fuertemente afectado por el trazado del ferrocarril de contorno, que unía las estaciones de Príncipe Pío, Imperial, Peñuelas, Delicias y Atocha. Sus objetivos son: propiciar la accesibilidad al centro, enterrar las vías a su paso por el distrito de Arganzuela creando un paseo urbano arbolado en superficie y liberar terrenos de uso ferroviario para su recalificación como zonas verdes, equipamiento, terciarios y residencial, equilibrando económicamente la operación.

Hasta los años cuarenta del siglo XX el distrito de Arganzuela, delimitado por las grandes vías que se dirigían al río Manzanares y al arroyo Abroñigal: calle Toledo, Paseo de las Acacias, calle Santa María de la Cabeza, calle de Embajadores y calle Méndez Álvaro, concentró la mayor parte de la industria madrileña. Mucha de esta actividad industrial era originaria de principios del siglo y era por lo general, sucia y aparatosa. La cercanía del ferrocarril, con su cabecera en la estación de Atocha (1860 ) y con las ramificaciones de Príncipe Pío (1860 ) y Delicias (1878 ) y con posterioridad reforzadas con la Estación Imperial (1881 ), especializada en mercancías y la estación de Peñuelas (1909 ), condicionaría la especialización industrial de la zona y propició el establecimiento de fábricas, talleres y almacenes que ocuparon amplias superficies de suelo. (VER más:Foro skyscrapercity)

Foto del Barrio de Peñuelas, a principios del siglo XX. El principal núcleo poblacional de Arganzuela a principios de este siglo fueron las manzanas surgidas entre la calle Embajadores y el paseo de la Esperanza, en torno a la calle Peñuelas, que daría nombre al barrio y donde ya en 1868 el ayuntamiento había planeado la construcción de casas baratas para los obreros. Hasta entonces, convivían las barracas con las fábricas y los terrenos agrícolas.

En 1908 se construyó la estación de Peñuelas en los terrenos que se habían pensado destinar a mercado de la ciudad. Ya en los años veinte, se planificaría de manera oficial la organización de la zona oeste del distrito de Arganzuela, desde el paseo de Delicias, como zona exclusivamente de uso industrial, lo que ya se venía produciendo desde varías décadas atrás de manera espontánea. Años después el Ayuntamiento de Madrid planteó la creación de un gran parque lineal en las márgenes del río Manzanares y, a ambos lados, vías para el tráfico pesado que condujeran a las fábricas.

Mientras tanto, el barrio de Peñuelas permaneció en un semiabandono por parte del ayuntamiento, que se limitó a renovar el firme de algunas calles, por lo que llegaría a los años treinta manteniendo su carácter suburbial. Entonces, gracias a la oposición socialista en el Ayuntamiento, hubo algunas mejoras, pero tras la guerra civil, el barrio volvió a caer en el olvido hasta que en los años sesenta se inicia de manera lenta la desindustrialización de la zona, debido a la instalación de las industrias en zonas más alejadas del centro. Se potencia entonces el barrio como zona residencial por sus buenas comunicaciones con el centro, con lo que durante las siguientes décadas conviven en la zona las antiguas casas de una sóla altura con otras construcciones más modernas y con las fábricas y almacenes que se van abandonando. Ya en los años ochenta, con el soterramiento de las vías del tren, el cierre casi definitivo de las industrias y la desaparición de la estación de Peñuelas, en cuyo lugar se construye un aparcamiento subterráneo y sobre él un parque, el barrio adquiere su definitivo carácter residencial.

Entre las industrias más importantes de esta zona destacan la fábrica de cerveza El Águila, según el proyecto del arquitecto Eugenio Jiménez Corera y ampliado más tarde por Luis Sainz de los Terreros, establecida en 1914, en las proximidades de la estación de las Delicias, la cual fue recuperada como Centro de Cultura en 1994 por la Comunidad de Madrid.

En una intervención anterior, en la zona conocida como el “Cerro de la Plata”, aneja a la Estación de Delicias, el desalojo de industrias incluyó la creación por el Ayuntamiento en 1986 de un parque y un Planetario, un Auditorium al aire libre y un cine, junto a lo que se mantuvo de las instalaciones de la Sociedad de Gasificación Industrial (SGI), ahora Unión Fenosa, de 1903.

Junto a la fábrica de El Águila y al compás del auge de la electricidad se estableció una de las más notables empresas madrileñas del sector eléctrico como fue Standard Eléctrica, S.A.

Edificio de Talleres y Viviendas en la calle Alberche a la espera de su demolición, si bien en el momento de tomar la foto el edificio todavía estaba habitado ( 2008 ).

Solar y edificio en la calle Alamedilla (2008).

El proceso de vaciado industrial de Madrid:

Puede decirse que desde los años setenta del siglo XX la industria madrileña dispersa asentada en el centro urbano prácticamente había desaparecido, y la que se encontraba en áreas más amplias y más localizada, vivía un fuerte proceso de traslado a otras zonas del extrarradio urbano.

A este proceso ayudó notablemente la crisis económica que en aquellos años se vivía en toda España. No todas las empresas se trasladaban. Muchas cerraban y desaparecían para siempre. Otras se reciclaban e introducían mejoras en los medios de producción para resultar más competitivas, permaneciendo en el lugar.

Las más, se trasladaban, aprovechaban la coyuntura, se reconvertían y dejaban los edificios abandonados, dando a muchas zonas un aspecto ruinoso y fantasmal.

Las industrias localizadas en el centro de Madrid –Centro, Salamanca y Chamberí- son aquellas que formaban parte de su periodo menos evolucionado.

Se trataba de actividades que requerían mucha mano de obra, si bien no contaban con grandes superficies de trabajo. Es el caso de las industria textiles y de las artes gráficas. A su vez, en una segunda zona -Retiro, Tetuán, Chamartín y Arganzuela- con la producción más concentrada, se localizaban las industrias que requerían de mayor tamaño: electricidad, química, madera y metalurgia. Entre 1950 y 1975 Madrid asiste a un crecimiento económico sin par.

En su trabajo Vaciado industrial y nuevo paisaje urbano de Madrid, Carlos Pardo Abad, divide en dos periodos el proceso.

A) En un primer periodo, a partir de 1950, las oleadas de inmigración del campo a la ciudad, ofrecieron la mano de obra necesaria para soportar la demanda industrial, al tiempo que los propios obreros generaban demanda de productos e impulsaban el desarrollo industrial. Esto, unido al fuerte proceso de urbanización provocado por los flujos migratorios, dinamizó notablemente la economía de la capital. B) En una segunda etapa, la liberalización de la economía, producto del Plan de Estabilización de 1959, que reconocía el fracaso de la política de autarquía anterior, permitió la entrada de tecnología extanjera en España, posibilitando el crecimiento de sectores como el químico o el de transformaciones metálicas, en los que Madrid se había especializado, alcanzando mayor dinamismo en los distritos de Arganzuela y Chamartín.

Aceites Barón de Velasco, en el Cerro de la Plata, en la Calle de Luís Peidró. La foto debe de ser de los años setenta o algo posterior. A la derecha se puede ver la casa de corredor del barrio de Las Adelfas, la cual aún se encuentra en pie, aunque en un estado lamentable y con un futuro incierto.

Cerro de la Plata. En esta foto de 1995 se ve la calle Méndez Álvaro a la izquierda y el descampado donde se construiría la Estación de Autobuses. A la derecha de la vía del tren se adivinan la corrala de Las Adelfas y la fábrica de aceites de la foto de arriba. El proceso de vaciado industrial de la zona se encontraba ya muy avanzado en la fecha.

Laboratorios Farmacéuticos Schering en Méndez Álvaro, 55. La instalación fue objeto de abandono para posterior demolición y construcción de viviendas.

En la década de los setenta del siglo XX muchas medianas y pequeñas industrias asentadas en el Centro de Madrid, que se habían mantenido en sus localizaciones originarias, condicionadas por la crisis de 1975 y con las dificultades añadidas de la difícil operatividad en una ciudad cada vez más congestionada por el tráfico y con mayor densidad de población, acabaron por ceder al traslado, relocalizándose en polígonos específicamente creados para la actividad industrial en el extrarradio urbano.

Así, la ventaja que antiguamente suponía para la industria su cercanía a la ciudad con el tiempo se fue modificando, hasta el punto de producirse el efecto contrario. Como ya quedó dicho, el desplazamiento de la industria a la periferia urbana también ha estado vinculado a procesos especulativos y de revalorización del suelo liberado.

Según Carlos Pardo Abad, las causas que mueven al cese de actividad industrial, el posterior baldío y fanalmente al vaciado o demolición de las instalaciones, responden a motivaciones urbanísticas, económicas y/o especulaivas.

Lo normal es que se den las tres a la vez. Es probable que las industrias que entran en crisis profunda abandonen la actividad o emigren a otras áreas, aprovechando para realizar los reajustes precisos. Pero también es un hecho probado que algunas “quiebras” han sido forzadas o falsas, escondiendo meras operaciones especulativas, como los casos de Isodel Sprecher (1977) o Zardoya-Otis (2002).

Urbanísticamente, el hecho de homogeneizar el espacio, a través del “baldío industrial”, en zonas exclusivamente industriales o en otras en las que se mezclaban de forma anárquica industria y viviendas, como en el caso de la calle de Méndez Álvaro y calles aledañas (Calle Leganés, Alamedilla, Alberche, Alpedrete, etc.) ha supuesto un avance importante para la ciudad y una oportunidad de renovación urbana y de reordenación de usos, que ha sido vehementemente aprovechada e impulsada por el Ayuntamiento.

No obstante, este paso hacia adelante también ha perseguido unos intereses eminentemente mercantilistas, en los que se han producido fenomenos denominados de gentrificación, a costa de la expulsión de determinados grupos sociales, ligados a las antiguas industrias y a las barriadas vinculadas a éstas, cuyos moradores de avanzada edad y bajo nivel adquisitivo y educativo (ancianos, niños, gitanos, inmigrantes irregulares y familias jóvenes sin otro cobijo y con muy bajos salarios) no se ajustaban a los requisitos de status de los nuevos barrios planificados.

Calle Alamedilla y viviendas en espera de su derribo. La zona está detrás de los Almacenes AGISA que también serán demolidos.

Calle Leganés. Últimas casas y los solares que quedaron trás los derribos (2007).

En este mismo sentido, pero sonstituyendo un ejemplo muy particular con sutiles diferencias, contamos con un caso interesante en el distrito de San Blas. Este distrito, que hasta después de la Guerra Civil no entra en los planes oficiales como área de expansión de la ciudad, se fue poblando de colonias benéficas, poblados dirigidos y poblados de absorción, al tiempo que cohabitaba con el emplazamiento de zonas industriales de rápido crecimiento.

La industria se fue estableciendo en el barrio de García Noblejas – Julián Camarillo y en el eje de la carretera de Barcelona y fueron emblematicas algunas empresas del INI como la “Empresa Nacional de Autocamiones” (ENASA/Pegaso) o la aeronáutica CASA.
En la actualidad, sus antiguas áreas calificadas –Julián Camarillo, Polígono Sotohidalgo, Polígono de las Mercedes o Josefa Valcárcel- muestran una diversidad de actividades y un dinamismo que resultan llamativos dada su pertenencia al núcleo urbano de Madrid.

El distrito de San Blas cuenta con diez áreas calificadas, todas ellas establecidas entre las décadas de 1950 y 1970, que cubren una superficie de unas 450 hectáreas, el mayor volumen de ocupación industrial en la ciudad, localizados en el polígono de Julián Camarillo, que se apoya en la avenida de los hermanos García Noblejas, en tanto que las demás áreas lo hacen en el eje Josefa Valcárcel-avenida de América.
El resto de la actividad industrial de San Blas se distribuye principalmente a lo largo de una franja que atraviesa los barrios de Rosas y Canillejas y sigue el eje formado por las avenidas de Canillejas a Vicálvaro-Alcalá-avenida de América.

Lo destacable de esta zona, en la que existe un alto nivel de actividad industrial y productivo, es que la presión desindustrializadora también hace acto de presencia, observándose un uso mixto del suelo, que está aumentando gracias a la aparición de viviendas de nueva construcción.

En el polígono de Julián Camarillo, la actividad industrial se entremezcla con una diversidad de otros usos, lo que nos permite observar grandes edificios industriales que alternan con “casas baratas” (unas más primitivas, de cuando la zona estaba fuera del núcleo urbano, y otras de los planes oficiales de los años 40 y 50 que dotaron de viviendas a la clase obrera necesitada) y edificios de oficinas, junto a una nueva oferta de viviendas de nueva construcción, ya del siglo XXI.

El distrito de San Blas mantiene una evidente importancia en las estadísticas disponibles sobre la actividad industrial en la ciudad de Madrid, con un volumen de empleo muy superior al de cualquier otro distrito. No obstante, la terciarización es aquí más rápida que la registrada en el Sur y Sureste del municipio. Y el proceso de cambio de uso del suelo se percibe como un proceso activo que, con seguridad, acabará por ceder todo el suelo al uso residencial.

La presión reurbanizadora se concentra en la zona delimitada por las calles Alcalá y Argós, al norte; la calle Cronos al este; la calle Hermanos García Noblejas, al oeste y la Avenida de Arcentales, al sur. En esta zona, mixta, pero acusadamente industrial -aquí está, por ejemplo la sede de el diario El País, desde mediados de los años setenta del siglo XX, aunque por poco tiempo-, se prodigan los solares, producto del vaciado industrial y se construye en ellos viviendas. La presión se produce de este a oeste, desde los alrrededores de la carretera de Canillas-Vicálvaro, con el límite de la M-40 al este y al sur.

Factores especulativos

“Los factores especulativos se derivan, en su mayor parte, de las determinaciones del planeamiento. La clasificación de las áreas industriales como tales asegura la continuidad del uso en una determinada zona, pero lo contario, es decir, la recalificación hacia otras funciones, genera altas expectativas de cambio, de obtención de beneficios y de actuación directa sobre el suelo urbano. La transformación del uso industrial por el residencial, con el consiguiente traslado o cierre de los establecimientos productivos, es un mecanismo de fuerte contenido económico, basado en la venta del solar industrial a elevados precios, la captación de enormes plusvalías, la construcción y venta de los nuevos productos inmobiliarios, etc.”

“Las industrias abandonadas y sin actividad ofrecen a la ciudad un espectáculo desolador y de fuerte deterioro. En algunas zonas el vaciado industrial ha sido muy extenso y en ese caso se puede hablar de cementerios industriales urbanos. La problemática del abandono no es sólo de tipo urbanístico por la sensación caótica que nos ofrecen las estructuras industriales en desuso, sobre todo las más antiguas, sino también de tipo social, y han sido frecuentes los casos de “squatterización” (como el ejemplo de Christiania, en Copenhague, en 1972).”

En Madrid son conocidos los casos de “okupaciones” en la vieja fábrica de Metal-Mazda (1988), en la imprenta Minuesa (1988), y en la fábrica de galletas Pacisa (1994), los dos primeros demolidos para la construcción de viviendas, en el primer caso y para albergar la comisaría de policía de Arganzuela, en el segundo.

En el caso de PACISA, se conservó la fachada delantera y actualmente es la sede del Teatro-Circo de Madrid.

Encuentro de la Calle Leganés con Calle Alberche. Edificios industriales conviviendo con viviendas.

Bolsas de deterioro urbano (Arganzuela/Méndez Álvaro/Adelfas)

La intervención del Ayuntamiento de Madrid en el proceso de vaciado industrial se ha gestionado desde diferentes programas incluidos en el PGOUM de 1997 (Plan General de Ordenación Urbana del Ayuntamiento de Madrid).

El Programa de Actuaciones del Área de Urbanismo e Infraestructura del Ayuntamiento de Madrid para 1988 diseñaba el desarrollo de 19 Bolsas de Deterioro Urbano, a las que más adelante se añaden seis más.

Del total de 25, voy a referirme a la zona de Méndez Álvaro, en Arganzuela y al cercano barrio de Las Adelfas (Las Californias) en Retiro-Vallecas.

El programa de las Bolsas de Deterioro Urbano se definía en una publicación realizada por el Ayuntamiento de Madrid (2000) como: “la desaparición de 19 de estas bolsas”, -a las que habría que añadir otras seis más- “promoviendo el realojamiento total de las más de 3.000 familias que las ocupan y sustituyendo los núcleos de edificación deficiente por nuevos barrios integrados en una estructura urbana cualificada, lo que comporta la redistribución de los beneficios de la operación.

En el programa de Bolsas de Deterioro Urbano predomina el aspecto social al tratarse de polígonos ocupados por edificación deficiente, que suponen interrupciones de la trama urbana y componen un marco de problemas sociales, higiénicos y de seguridad. Las diecinueve actuaciones programadas operan sobre situaciones existentes, propiciando en todas ellas la mejora de la calidad urbana mediante la sustitución integral de las edificaciones”.

Calle California, en el barrio de Las Adelfas ( Retiro ).

La renovación de la zona se produce con el dasalojo de las antiguas industrias existentes y de los edificios de viviendas por expropiación, la mayoría de baja calidad y de más ce cincuenta años de antigüedad. El proceso, fuertemente especulativo, ha supuesto la expulsión de la antigua población, que será sustituida por una nueva, de diferente perfil socioeconómico.

En un monográfico editado en abril de 2000 por la Gerencia Municipal de Urbanismo (Dirección de Servicios para el Desarrollo Urbano) Operaciones urbanas y bolsas de deterioro 1995-1999 nos informa de las Bolsas de Deterioro Urbano desarrolladas por expropiación que, “gestionadas directamente o mediante concesionario, han finalizado o han tenido un desarrollo significativo en el periodo 1995-1999 y aquellas otras que han de desarrollarse físicamente en los próximos años tras haberse resuelto, en el periodo indicado, gran parte de los problemas de gestión”.

El PERI (Plan Especial de Reforma Interior ) al que remite el APR (Áreas de Planeamiento Remitido) de Méndez Álvaro delimita dos Unidades de Ejecución, la UE 1 por expropiación (que incluye los edificios de la bolsa de deterioro urbano propiamente dicha, donde habitan las familias a realojar) con una superficie de 13.740 m2 y la UE 2, por compensación, que engloba el resto de la superficie del ámbito (las industrias, cuyo suelo recalifica la ficha del Plan General), lo que permite a los propietarios del suelo intervenir en las decisiones de futuro de la zona.

El caso de Méndez Álvaro:

Es muy importante por constituir el ejemplo claro de cómo la presión especulativa (en su modalidad de recalificación de suelo de uso industrial a residencial) puede desvirtuar por completo las pretensiones iniciales de renovación urbana hasta convertirla en un aglomerado compacto de más de 6.000 viviendas, con escasas dotaciones sociales, ausencia de servicios y mínimas zonas verdes, como resultado de la especulación llevada al máximo posible.
A modo de resumen, se puede concluir que el proceso de desindustrialización de Madrid ha supuesto un importante cambio en la fisonomía urbana:

PRIMERO, por eliminar viejas industrias y viviendas que ocupaban un amplio espacio -especialmente en el distrito de Arganzuela, en el que se ha centrado la exposición- y,

SEGUNDO, por el marcado cambio de uso del suelo que ha pasado de ser básicamente industrial a ser residencial.

La renovación, sin embargo, no parece haber sido funcionalmente muy acertada ya que en los planes, la ausencia de áreas verdes y dotacionales está suponiendo un lastre en la creación de redes sociales en el barrio y en la fluidez relacional. Habrá que esperar algún tiempo para ver cual va siendo su evolución.

La pretensión de rentabilizar al máximo las inversiones inmobiliarias ha extremado la densidad de la zona, donde antes era muy baja.

En el caso de Méndez Álvaro, la ausencia de servicios se ha intentado cubrir con la creación previa de un gran Centro Comercial, situado en una zona limítrofe de barrio, lo que obliga al desplazamiento en coche.

La Estación de autobuses y la llegada de nuevos habitantes ha generado un contínuo trasiego de vehículos que ha congestionado las calles notablemente.

La ausencia de espacios verdes, en ocasiones se suple con el cierre perimetral de los bloques de viviendas, que incluyen en su interior pequeñas áreas ajardinadas de expansión. Además, esta modalidad impide la creación de locales comerciales que aporten su actividad a la vida diaria del barrio.
En los casos en los que ésto es posible, la ocupación es lenta y no siempre es efectiva.

En ningún caso de sustitución de uso del suelo, los nuevos edificios de uso residencial han tenido carácter de vivienda social o protegida, puesto que el objetivo de estas construcciones eran los grupos de mayor nivel adquisitivo. Sólo en el caso de realojos por expropiaciones forzosas de las llamadas Bolsas de Deterioro Urbano, o de viviendas que coexistían con industrias, se ha producido esta circunstancia.

En definitiva, todas estas intervenciones de eliminación de la industria del centro urbano han significado una importante transformación y renovación de la ciudad , en algunos casos de gran calado visual, al tiempo que están suponiendo un cambio en la estructura sociodemográfica con la llegada de nueva población.

Edificio de la EMVS de Madrid, que servirá para realojar a los vecinos de las expropiaciones de Méndez Álvaro.

En esta zona convivieron durante muchos años, desde los años 50, industria y viviendas. A la derecha, edificio de nueva construcción destinado a viviendas de realojo.

“El Ayuntamiento de Madrid quiere acabar con ese panorama. Una vez realoje por completo a los vecinos, se levantarán tres manzanas de bloques de ocho alturas, con 12.600 metros de zonas verdes. Otros 58.000 metros se dedicarán al uso terciario. Aunque todavía no se sabe cuánto queda para que ese plan sea una realidad”.

Es evidente que detrás de toda área industrial en declive la normativa municipal de urbanismo ha perseguido la reordenación del espacio urbano, pero también maximizar los beneficios que esa planificación ofrecía, condicionando y fomentando el abandono del suelo industrial hacia otras zonas periféricas.

Estas políticas municipales se han basado en la máxima ocupación del suelo urbano, definiendo las zonas liberadas como “áreas potenciales de desarrollo y expansión del uso residencial, es decir, de negocio inmobiliario”.

Cuando el Ayuntamiento puso en marcha las primeras expropiaciones en los años ochenta, las cantidades ofrecidas eran miserables, habida cuenta de que los valores catastrales habían disminuido entre un 30 y un 70 por ciento. A pesar de ello muchos decidieron marcharse sin esperar al desalojo. Algo más de diez años después todavía hay vecinos esperando el anunciado realojo en las nuevas viviendas que el EMVS de Madrid, ha construido para ellos.

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