antigua Fábrica de Tabacos MADRID (fue construido entre 1781 y 1792).


Calle de Embajadores, 53/Glorieta de Embajadores.

antigua de la Fábrica de Tabacos

Una fábrica de indudable importancia en plena glorieta de Embajadores, plaza que enlaza las Rondas de Atocha y Valencia, con la de Toledo, es la antigua Fábrica de Tabacos.

Su historia se remonta a las últimas décadas del siglo XVIII, como fábrica heredera de las tradicionales manufacturas reales.
Construida a partir de 1780 por José de la Ballina, discípulo de Juan de Villanueva, como fábrica de aguardientes, licores, naipes, papel sellado y depósito de efectos plomizos.

En 1809 José Bonaparte la destinó a fábrica de cigarros y rapé, destino que conservó hasta su cierre pasado el ecuador del siglo XX.

Fue una de las obras públicas que se llevaron a cabo bajo el reinado de Carlos III,fue terminado en 1790.
Se trata de un buen ejemplo de arquitectura industrial del siglo XVIII.

El 25 de septiembre de 1781 la Real Hacienda de su Majestad compró las huertas de la Comunidad de Clérigos Seglares de San Cayetano, para comenzar las obras en su terreno.
El edificio se llamó en un principio Real Fábrica de Aguardientes.

ENTRADA

El proyecto de la edificación de esta fábrica fue debido a la necesidad de colocar en un sitio determinado los productos estancados del monopolio del Estado español, tales como el aguardiente, los licores, las barajas de juego, el papel sellado, y depósito de efectos plomizos (el estanco es la prohibición de la venta libre de algunos artículos).

En España había tres fábricas de este producto: la de Sevilla, la de Cádiz y la de Alicante; pero no eran suficientes para el abastecimiento de todo el país y a Madrid llegaba muy poca producción.

Se sabía que en el barrio de Embajadores existían talleres clandestinos de elaboración de tabaco, cuyo trabajo estaba en manos de mujeres.

En vista de los problemas y en vista de que las hojas de tabaco estaban esperando a que alguien se ocupara de ellas, la decisión por parte del rey José Bonaparte no se hizo esperar y en poco tiempo, aquel edificio que servía de cuartel se convirtió en una verdadera fábrica cuyas obreras contratadas fueron aquellas mujeres cigarreras que hasta el momento habían trabajado en la clandestinidad.

El día 1 de abril de 1809, festividad de San Venancio, la nueva Fábrica de Tabacos comenzó su andadura y en ella comenzaron su trabajo 800 cigarreras. Mucho más tarde, en 1853 el número de obreras aumentó a 3.000 y en 1890 a 6.300.

Hay que tener en cuenta que por entonces la población de Madrid era de 300.000 habitantes.

El taller funcionó con carácter provisional hasta comienzos del año 1816, que se paralizó para estudiar la conveniencia de su continuidad.

PATIO CUBIERTO

junio de 1825, la Dirección General de Rentas Estancadas autorizó el restablecimiento definitivo del trabajo en la fábrica.
Con ello, se dio paso a una nueva singladura productiva que, superando las dificultades de sus comienzos y la progresiva adaptación del uso del espacio original a las nuevas necesidades manufactureras, llegó a convertirse en uno de los principales centros tabaqueros de la Península y una de las mayores concentraciones obreras de la ciudad, empleando, a finales del siglo XIX, a más de cuatro mil operarias.

En la evolución histórica del edificio, destaca la adecuación y uso real de algunos espacios del personal.

Así, el temprano funcionamiento de una escuela-asilo para los hijos de las cigarreras —aprobado en 1840 o los diferentes lugares destinados a la lactancia que ha conocido la historia de la fábrica.

La llamada «sala de leche», establecida en los años veinte en la portería de mujeres, y la habitación con cunas y camas para los hijos de las operarias, improvisada junto a los talleres de puros en la última planta del edificio durante la Guerra Civil.

A partir de 1887, con la cesión de la explotación del monopolio a la Compañía Arrendataria de Tabacos —momento clave en la historia de la renta del tabaco—

se acometieron reformas y obras de saneamiento para solucionar los graves problemas derivados del hacinamiento y la falta de higiene que modificaron, en parte, la vieja estructura fabril del edificio, al mismo tiempo que los cambios introducidos en la organización del trabajo con el avance de la mecanización comenzaban a transformar el panorama sociolaboral de la fábrica.

En manos de la empresa Tabacalera S.A. desde 1945, durante las últimas décadas, la fábrica vio disminuir progresivamente su actividad, al tiempo que su plantilla se mantenía bajo mínimos.

A finales del año 2000, el centro de Embajadores cerró definitivamente sus puertas. El edificio es estatal y está adscrito al Ministerio de Cultura desde el año 2000.

El Ministerio de Cultura español tiene previsto que en el año 2009 hayan terminado las obras de adaptación y remodelación del edificio que será la nueva sede de los museos de Reproducciones Artísticas y Artes Decorativas.

El nuevo centro museístico contará con dos salas de exposiciones temporales, una sala de audiovisual, un lugar de embalaje, almacén y taller con actividades didácticas.

La Fábrica de Tabacos de Madrid, con una historia productiva continuada de más de ciento setenta años.

LA FIGURA DE LA CIGARRERA

«las cigarreras», personajes pintorescos —evocadores de las célebres manolas y chulaponas— simbolizados en mujeres de espíritu rebelde, independientes y apasionadas.

Esta presencia idealizada que atentó una imagen mítica sobre su existencia favoreció la desvalorización social del trabajo de las cigarreras, ocultando tras de sí un protagonismo y una experiencia laboral emblemáticos.

La fábrica durante más de un siglo el escenario de vida y trabajo de miles de mujeres conocidas popularmente como
Representa un escenario social de referencia en la vida de las mujeres que allí trabajaron, un espacio físico que condensa una memoria colectiva emblemática.

Además de la evidencia numérica -que durante casi un siglo no bajó del millar de operarias-, las cigarreras mantuvieron un amplio protagonismo en los diferentes ámbitos de la realidad contemporánea madrileña.

Como mujeres trabajadoras —reclutadas desde niñas y adiestradas en las labores del humo, y del vivir, por sus propias madres y abuelas—, las cigarreras manifestaron una temprana conciencia social y una sorprendente capacidad de movilización y lucha obrera.

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